
Además, para el científico de la NASA, Paul Newman, las condiciones tempestuosas en la atmósfera superior calentaron el aire e impidieron que los químicos cloro y bromo consumieran el ozono.
“Esto ayudó a minimizar la formación de nubes estratosféricas polares en la estratosfera inferior. La formación y persistencia de estas nubes conducen a catalizar las reacciones del cloro y bromo que destruyen el ozono”, indicó.
Pero no hay que echar las campanas al vuelo: a pesar de las altas temperaturas y de la aparente reducción del agujero, éste aún tiene un tamaño considerable debido a los altos niveles de sustancias que favorecen la reducción del ozono.
El agujero en la capa de ozono se detectó por primera vez en 1985, y se forma hacia el final del invierno austral, cuando los rayos del sol catalizan reacciones químicas de formas activas de cloro y bromo elaboradas por el hombre, las cuales destruyen el ozono.
El ozono es un gas cuya molécula contiene tres átomos de oxígeno y se presenta en la naturaleza en cantidades pequeñas. En la estratosfera —ubicada a una altitud de entre 10 y 50 kilómetros—, la capa de ozono actúa como un ‘filtro solar’ que bloquea los rayos ultravioleta, los cuales pueden causar cáncer de piel, cataratas, debilitamiento del sistema inmunológico y también afectar a la vegetación terrestre.
En 2016, las temperaturas estratosféricas más cálidas también limitaron el crecimiento del agujero de ozono. Ese año, el agujero de ozono alcanzó un máximo de 8.9 millones de millas cuadradas, 2 millones de millas cuadradas menos que en 2015.Te podría interesar...








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