La carta mecanografiada incluye una ecuación añadida a mano con una escritura muy pulcra y la firma de Einstein.
En otra misiva de 1954 dirigida a Bohm, que vivía entonces en Sao Paulo, Einstein muestra su empatía ante las dificultades que experimenta su amigo con un complejo trabajo teórico. “Si Dios creó el mundo, su mayor preocupación no era desde luego facilitarnos su comprensión. Lo siento claramente desde hace 50 años”, aseguraba Einstein.
La casa de subastas Winners informó que las cartas proceden del patrimonio de la difunta viuda de Bohm.
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