La líder del comité Nobel, Berit Reiss-Andersen (i), la sobreviviente de Hiroshima Setsuko Thurlow (c) y la líder de la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN), Beatrice Fihn (d), reciben el Premio Nobel de la Paz. (EFE)[/caption]
Frente a la “aceptación ciega” y la negación del peligro de esas armas, llamó a reclamar “la libertad de no vivir nuestras vidas como rehenes de una aniquilación inminente” y sostuvo que la ICAN es “la voz de la humanidad” que pide su desaparición.
“La historia de las armas nucleares tendrá un final, de nosotros depende cuál será. ¿Será el fin de las armas nucleares o el nuestro? Una de esas cosas pasará”, dijo Fihn, para quien el tratado apoyado en julio por dos tercios de los países de la ONU es “una luz en un tiempo oscuro”, resultado de la acción de miles de personas comunes.
Thurlow, de 85 años, se refirió también a la “tremenda esperanza” que supone el tratado, en una intervención sentida que conmovió al millar de asistentes a la ceremonia celebrada en el ayuntamiento de Oslo, entre ellos los reyes y príncipes herederos noruegos y la guatemalteca Rigoberta Menchú, Nobel de la Paz en 1992.
La superviviente nipona habló del “recuerdo vivo” del bombardeo, la sensación de “flotar” en el aire, el colapso de su escuela, los gritos de sus compañeros y su sobrino Eiji, de 4 años, convertido en “un trozo fundido de carne” que siguió pidiendo agua hasta morir.
“Mientras salía arrastrándome, las ruinas ardían. La mayoría de mis compañeros de clase murieron quemados vivos, vi a mi alrededor una devastación total, inimaginable”, explicó.
Thurlow emocionó al auditorio, en el que había más supervivientes de pruebas y ataques nucleares, rememorando la procesión de figuras fantasmagóricas, gente con la carne y los intestinos colgando, con las órbitas de los ojos en sus manos y el olor a carne quemada.
Su ciudad natal, incluidos familiares y 351 compañeros de clase, fue borrada, y en los años siguientes miles de personas murieron por los efectos retrasados de la radiación, “que aún hoy sigue matando”.
Thurlow criticó el “mito” de que las de Hiroshima y Nagasaki fueron “bombas buenas” que acabaron con una “guerra justa” y lo culpó de la “desastrosa” carrera armamentística nuclear.
En su alocución previa, la presidenta del Comité Nobel Noruego, Berit Reiss-Andersen, calificó de “inaceptable” incluso la amenaza de usar esos arsenales y elogió a la ICAN por generar compromiso entre la gente común y darle “nueva dirección” y “vigor” a los esfuerzos por un mundo sin armas nucleares.
Con información de EFE.Te podría interesar...








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