Así las cosas, la disyuntiva entre apoyar a Velázquez o a Morales representa una mirada muy limitada para quienes exigen intensificar la lucha contra la corrupción, porque saben que se han articulado mafias para perfeccionar los abusos de poder, el litigio malicioso y la desinformación para generar miedo/confusión, así como para impedir las reformas al sistema de justicia y de partidos políticos.
Hay movimientos sociales, entre ellos, el de mujeres y feministas que sus exigencias para derribar la impunidad las vinculan a la construcción de agendas que aborden problemáticas urgentes y perfilen alternativas emancipadoras porque sólo así será posible acabar con las múltiples desigualdades.
Algunos analistas en este país centroamericano insistan en asegurar que la verdadera disputa es entre empresarios mercantilistas y fascistas, y que pronto se resolverá a favor de los primeros, además aseguran que las acciones de protesta están totalmente manipuladas por dineros gringos para que se acepte el Plan Alianza por la Prosperidad (financiado por el gobierno estadounidense).
Lo cierto es que existen fuerzas ciudadanas independientes –algunas con experiencias de acción reciente y otras con años de participación política– las cuales coinciden en ejercer sus derechos sin la cobija de ningún partido o agrupación política, algunas cuentan con liderazgos reconocidos y otras no, pero están motivadas por su hartazgo a la corrupción y la impunidad.
Lo interesante es que ahora, con los casos que se juzgan a partir de 2015, se ha hecho más evidente que el enojo ciudadano a los saqueadores del Estado, también conlleva un rechazo explícito al modelo económico extractivista que es racista y está generando mayor pobreza, desempleo, hechos delictivos y múltiples formas de violencia contra las mujeres.
Así también, se está demostrando mediante los procesos judiciales que entre los corruptos hay funcionarios públicos, jefes militares, empresarios, presta nombres, abogados, banqueros, guardaespaldas.
La lucha contra todo tipo de corrupción tiene que continuar, el MP y CICIG tienen mucho más por hacer. En la lista están las empresas privadas de seguridad (que tienen aproximadamente 45 mil guardias), para las que es común que se les escapen tiros, como aquél que le arrancó la vida de Patricia Samayoa, según dijo el exjefe de recursos humanos de Shield Security, Héctor Monroy.
* Periodista mexicana, residente en Guatemala y coeditora de la publicación feminista LaCuerda.
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