El cuadro pertenecía hasta ahora al multimillonario ruso Dimitri Rybolovlev, oligarca exiliado que preside el club de fútbol francés AS Monaco.
Lo compró por 127,5 millones de dólares al marchante de arte suizo Yves Bouvier, que lo adquirió a su vez por 80 millones de dólares.
Pero ambos están enzarzados desde entonces en una batalla judicial: el empresario ruso acusa al marchante de haberse quedado con márgenes exorbitantes sobre las obras que vendía.







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