Esta conclusión —a reserva de los respectivos análisis que confirmen si se trata de restos de dicho animal–, deriva de su comparación con cinco ejemplares de osos de la Edad de Hielo, descubiertos por este mismo equipo hace una década en cuevas inundadas del vecino estado de Yucatán; “tanto la morfología como la dentición de los cráneos parecen acercarse mucho a los que documentamos en Yucatán”, anota el investigador.
“Si este fuera el caso, estos dos ejemplares conformarían una muestra total de siete osos del Pleistoceno registrados por este proyecto de investigación, lo que nos daría una idea más completa de la biogeografía de la península de Yucatán hace más de diez mil años, al final de esa época geológica”.
Asimismo, en este sitio —que debido a su relevancia será reproducido en un modelo 3D de la más alta calidad gracias a la colaboración con National Geographic y la tecnología diseñada por el ingeniero Corey Jaskolski— se localizó más de un centenar de huesos largos pertenecientes a especies aún no identificadas, por lo que los trabajos en esta cueva continuarán de manera intensiva como parte de las tareas de la línea de estudio “Localización de fuentes de agua ancestrales”.
Se trata del hallazgo más reciente de restos de megafauna dentro de una cueva inundada en la península de Yucatán, que se suma a los registrados en sitios como Hoyo Negro, donde fueron descubiertos huesos de especies extintas y el esqueleto de ‘Naia’, una mujer cuya vida terminó en este abismo, entre 13,000 y 12,000 años antes del presente.
A lo anterior se suma un cráneo humano de cuando menos 10 mil años y una mandíbula de gonfoterio casi completa, reportados recientemente por el proyecto GAM.
“Una interpretación del porqué de estos contextos, es que posiblemente derivan de un gran estrés climático, acaecido al final de la Edad de Hielo. Es posible que durante estos procesos de inestabilidad climática que se dieron entre el Holoceno y el Pleistoceno, los grandes animales se internaran en las profundidades de las cuevas en busca de agua, justo en los largos periodos de sequía.
“Parece que algunos animales se extraviaron en su búsqueda de fuentes de agua, o simplemente perdieron el equilibrio y cayeron en estas cavidades, este podría ser el caso de los restos de megafauna hallados recientemente, dado que se encuentran debajo de una entrada de la cueva”, explica el investigador del INAH.
Sin duda —continuó—, este sitio resultará prolífico para el equipo del proyecto GAM, iniciativa interdisciplinaria que conjunta a biólogos, arqueólogos, geólogos y exploradores subacuáticos, y al que, en virtud de los hallazgos, se sumará en breve un paleontólogo.
En sus primeros seis meses de prospección arqueológica, este proyecto que cuenta con la colaboración del Banco de Desarrollo para América Latina, el Aspen Institute México, la Universidad Tecnológica de la Riviera Maya, la National Geographic Society y el Tecnológico Superior de Felipe Carrillo Puerto, comenzó la caracterización de aproximadamente 45 cuevas ubicadas en las poblaciones quintanarroenses de Muyil, Tulum y Chumpón.
Como nunca antes, finalizó Guillermo de Anda, la investigación de estos espacios ha incluido análisis de la calidad del agua (realizando tomas en distintos niveles de profundidad), mapeo, trabajos de escaneo y fotogrametría para lograr un modelo digital de las cavidades, y una labor arqueológica concienzuda que ha permitido incluso registrar elementos en sitios aparentemente “agotados” como el cenote Xlacah, en la zona arqueológica de Dzibilchaltún, donde hace seis décadas, el equipo dirigido por el doctor Wyllys Andrews IV registró más de 30 mil elementos.







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