En su río Atoyac que atraviesa la ciudad; y en el transporte urbano, con la nula presencia de la policía vial en las zonas de mayor tráfico, en las dobles filas de todo tipo de autos y camiones de diversas empresas, turísticas, refresqueras, cerveceras y demás a cualquier hora del día.
Los ambulantes, en pleno centro histórico, y donde los peatones corren peligro al caminar por la zona asfáltica. Al ruido que provocan los cláxones o trompetas del transporte público. A la contaminación provocada por las emisiones del mencionado transporte y que ocasionan daños irreparables a la salud, sobre todo en niños y ancianos.
En esto, las autoridades han hecho caso omiso. Ni el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), ni la Secretaría de Salud, ni Transito del estado o Municipal han hecho lo que les corresponde. Por lo que urge un reordenamiento en la circulación de todo tipo de automóviles, zonas específicas para vendedores, un reglamento de tránsito que sancione la contaminación auditiva.
Pero sobre todo, para que esto se inicie, que las organizaciones no gubernamentales y los ciudadanos en general obliguen a las autoridades a cumplir con su tarea. El centro Histórico de la ciudad de Oaxaca no sólo es el zócalo y el “andador turístico”, ni la calle de García Vigil y la Avenida Porfirio Díaz. Hay una poligonal que la define claramente.
El combate contra la contaminación se ha logrado en estados, como Campeche, Yucatán o Quintana Roo entre otros. Sus centros históricos lucen limpios y seguros. ¿Por qué en Oaxaca no se puede?
Las ciclovías, más calles peatonales donde existen congestionamientos vehiculares; que los transportes de carga pesada realicen su labor por la noche. Son algunas medidas que en forma inmediata se pueden tomar si las dependencias responsables “toman al toro por los cuernos”.
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