Rivera Sánchez y Nogueda Torres tomaron en cuenta que en México hay aproximadamente un millón de personas con la enfermedad de Chagas, razón por la cual aplicaron la tecnología de reposicionamiento de fármacos para que les ayudara a encontrar nuevo uso a moléculas ya aprobadas y con ello generar medicamentos económicos.
Hasta el momento los resultados han sido alentadores y se han obtenido nueve patentes de uso, una por cada molécula ya conocida y aprobada para tratar otras enfermedades.
Además, los logros han dado origen a dos artículos científicos publicados en revistas especializadas de alto impacto internacional.
Para confirmar el efecto de las moléculas en estructuras biológicas diferentes, Rivera Sánchez hace estudios in silico. Con herramientas informáticas de modelado realiza simulaciones para predecir si alguna molécula puede interaccionar con un blanco farmacológico.
“Simulamos la interacción del fármaco sobre el sitio activo de la proteína para predecir si realmente hay un acoplamiento ligando-receptor.”
“Posteriormente hacemos una comparación de las energías de unión del fármaco con el inhibidor natural de la proteína para valorar el grado de acoplamiento”, expuso el investigador nivel II adscrito al Sistema Nacional de Investigadores (SNI).
Como primer paso se hace un cribado (filtro) entre todos los fármacos FDA aprobados para seleccionar a 50 o 100 de ellos que tengan valores similares o superiores al inhibidor natural.
Después del estudio de “acoplamiento molecular”, se seleccionan a las 10 mejores moléculas mediante un “análisis de dinámica molecular”. Finalmente, se escogen de tres a cinco moléculas para evaluar un modelo enzimático in vitro y su interacción con la proteína.
Los estudios realizados in vitro mostraron la inhibición enzimática. “Constatamos que las nueve moléculas tienen una actividad inhibidora sobre trans-sialidasa y cruzaina, enzimas esenciales para T. cruzi, además de presentar una mejor actividad tripanomicida que los fármacos de referencia Beznidazol y Nifurtimox en el modelo in vitro sobre trypomastigotes de T. cruzi”, puntualizó.
Esos resultados dieron pauta a los científicos para realizar un estudio in vivo a corto plazo y comprobar la actividad tripanomicida.
Para probar la efectividad de las moléculas seleccionadas se infectaron ratones con T. cruzi y se monitorearon después de dos, cuatro, seis y ocho horas para verificar el aumento paulatino de la parasitemia.
A otro grupo de roedores infectados le administraron los fármacos seleccionados y observaron una disminución de la carga parasitaria.
En estos experimentos las nueve moléculas patentadas mostraron actividad contra T. cruzi y dos de ellas tuvieron un comportamiento similar al fármaco Beznidazol; sin embargo, a las ocho horas ya no disminuyó la parasitemia y por ello se profundizarán los estudios a largo plazo para estandarizar las dosis.Te podría interesar...








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