"Los factores genéticos están implantados en la población y hay más factores ambientales que condicionan el desarrollo de obesidad en los que los niños", argumenta.
La globalización ha fomentado que las madres estén muchas horas fuera del hogar y abandonen la "logística" de preparar alimentos o estructurar horarios de los niños para la actividad física y el descanso.
Los menores sufren también altos niveles de estrés y situaciones de violencia en sus hogares.
Por ello, en el centro multidisciplinario "existe un abordaje integral" del problema.
Hay "un taller de nutrición, psicología, prevención de bullying, autocuidado, mejoramiento de la autopercepción o de la imagen, muy específico es el taller de ejercicio", y los menores "tienen un día de orientación para el consumo de alimentos donde se le enseña al niño cómo calcular proporciones", explica el doctor Alfonso Alejandro Velasco, coordinador de la clínica.
Garibay opina que hay "muchas políticas públicas que modificar o establecer" para encarar la situación, como entornos saludables para que puedan realizar una actividad física estructurada o bebederos de agua en las escuelas.
"La prevención requiere de un apoyo gubernamental para que haya gente que esté formada para impartir consejerías adecuadas para los padres", dice la especialista.
Lo más difícil es que los padres lleven a sus hijos para que reciban ayuda.
"Nos damos cuenta en el trabajo con escuelas que cuando mandamos a los padres un aviso para que vengan a la clínica porque el niño tiene un problema de sobrepeso u obesidad la convocatoria es prácticamente nula", detalla Garibay.
El éxito de este tipo de tratamiento multidisciplinario es de apenas un 5 o 10%, pero "cada niño que sale adelante será un adulto que formará una familia con mejores hábitos" y para los médicos del centro, eso ya vale la pena, considera.
El problema -añade- es que "las familias no perciben la obesidad infantil como un problema de salud", pues "el 25 % de los padres de los niños que vienen a la clínica tienen ya un problema de diabetes tipo 2 diagnosticada".
"En cuanto al daño y al riesgo cardiovascular ya es igual al que existe en población adulta", denuncia.
Garibay advierte que "cuando el problema ya está establecido en el niño es difícil regresar a tener un nivel de salud óptimo".
En vísperas del Día Mundial de la Lucha contra la Obesidad, este 12 de noviembre, Garibay puntualiza que es necesario "cambiar los hábitos, el entorno y la programación neuropsicológica y metabólica que los niños adquirieron durante la etapa fetal y los primeros mil días de vida repercute de forma permanente".Te podría interesar...








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