
Xinhua/Francisco Cañedo
También sirve de ejemplo de cómo la violencia en línea puede traducirse en violencia física, una de las razones por las que, dijeron las integrantes de Internetesnuestra, no se debe subestimar esta forma de agresión.
Sin embargo, las activistas se mostraron preocupadas ante la respuesta política a esta nueva forma de violencia. En muchas campañas legislativas y mediáticas, advirtieron, existe una tendencia a culpar y responsabilizar a las mujeres. Preocuparía también que a nombre de la protección de las víctimas, se restrinjan otros derechos.
Soluciones como la regulación indebida, la vigilancia sin controles o la prohibición del anonimato difícilmente ofrecerían mecanismos de reparación y garantías de no repetición, afirmaron las organizaciones, y observan efectos negativos: Estas medidas tendrían como consecuencia que las mujeres se autocensuren limitando así su derecho a la libertad de expresión.
De acuerdo con estas organizaciones en el trabajo de investigación que hicieron para la elaboración de este informe, pudieron identificar los siguientes tipos de violencia que viven las mujeres en internet.
Acceso no autorizado y control de acceso que se traduce en robo de contraseñas o programas espía; control y la manipulación de la información, por ejemplo cuando se toman fotos sin consentimiento, o el control de cuentas en plataformas digitales; suplantación y robo de identidad, por ejemplo, la creación de perfiles o cuentas falsas.
Otras formas de violencia son el monitoreo y acecho, como la identificación de ubicación por medio de imágenes, o cámaras escondidas; expresiones discriminatorias; comentarios abusivos; discursos lesbo/homofóbicos; acoso y en este caso también es claro observar cómo cuando se habla del tema en internet enseguida se presentan oleadas de insultos en grupo; las amenazas en mensajes, imágenes o videos, son otras formas de violencia que viven las mujeres en internet.
El informe destaca la difusión de información personal o íntima sin consentimiento; la extorsión, el chantaje, el desprestigio, como las campañas de difamación y descalificación; el abuso y explotación sexual relacionada a las tecnologías, como el enganche con fines de trata o de abuso sexual y también establecieron la categoría de “omisiones” por parte de actores con poder regulatorio, la cual se refiere a la falta de interés, reconocimiento o acción de actores con posibilidad de regular o sancionar agresiones. (CIMAC NOTICIAS)