

Lilia TORRENTERA G.
Oaxaca.- Max Sánz evoluciona su obra artística a lo inmersivo en la exposición No le temo al fuego eterno y ni a sus cuentos amargos que se inaugura este 18 de octubre en el Museo de los Pintores Oaxaqueños (MUPO).
A partir de una experiencia en su niñez, a la presencia la explosión de una vulcanizadora cuando acompañaba a sus madre y padre por Avenida Ferrocarril, hizo un ejercicio de memoria de un hecho traumático de infancia para filtrarlo a través del arte como una alerta en el combate de los incendios a la conciencia colectiva para prevenirlos.
Así el artista, en entrevista con Ciudadanía Express, narra como en esta nueva exposición el fuego toma el papel protagónico acompañado de las nuevas tecnologías para acerca su propuesta ambientalista a las niñeces y juventudes que en la actualidad están gobernadas por las pantallas y la inteligencia artificial.
“Es una instalación inmersiva en la que a través de un visor de video juegos y que busca hacer conciencia sobre los incendios, sentirlos y olerlos y tener la experiencia de lo que pasa con las personas , animalitos y recurso naturales durante este tipo de desastres naturales.”.
Max Sanz (La Natividad, Ixtlán, Oaxaca, 24 de abril de 1992) se ha consolidado como un referente del arte contemporáneo mexicano, destacando en las disciplinas de pintura y escultura. Su obra se caracteriza por fusionar técnicas tradicionales y recientemente en combinación con la innovación tecnológica.
Su trabajo está profundamente influenciado por la vida cotidiana y sus vivencias, explorando temas como el caos con esperanza (simbolizado por el color negro), los elefantes, el circo y las anécdotas personales. Su obra, que busca ser un reflejo de su identidad y pertenencia, utiliza técnicas mixtas, incluyendo el óleo, gesso, hoja de oro y papel tapiz.
Ha realizado más de 50 exposiciones individuales y 60 colectivas en importantes recintos de Francia, España, China, Estados Unidos, Italia y Hungría. Entre los espacios destacados se encuentran el Museo de Arte de Guangzhou, el Museo Soumaya, el Museo José Luis Cuevas y el Grand Palais en París.
Max Sanz se ha propuesto llevar al extranjero la riqueza cultural de Oaxaca, convencido de que su tierra no es solo un territorio, sino una identidad viva y una expresión de origen, posicionándose como una de las voces jóvenes más prometedoras de la plástica oaxaqueña
