
Oaxaca.- A propuesta presentada por la legisladora Irma Pineda Santiago en la tribuna del Congreso local se hizo un enérgico, exhorto a los 570 municipios del estado de Oaxaca para que ejerzan sus atribuciones normativas y supervisen rigurosamente los jaripeos y espectáculos similares que se realizan en sus demarcaciones. Esta acción busca compatibilizar las tradiciones ancestrales con el imperativo ético contemporáneo del bienestar animal.
En su exposición de motivos, Pineda Santiago indicó que se reconoce que el jaripeo, en sus diversas modalidades, es una manifestación profundamente arraigada y uno de los pilares fundamentales de la identidad de las comunidades oaxaqueñas que consiste en eventos de monta de toros o caballos además de que este evento no solo convocan convivencia y fortalecimiento del tejido social, sino que también forman parte esencial de la herencia cultural que se transmite entre generaciones.
Sin embargo, precisó, la vigencia de cualquier práctica cultural demanda su total compatibilidad con los principios éticos y normativos que rigen a la sociedad actual, entre los cuales se destaca el cuidado y bienestar animal.
En ese sentido detalló que el avance en el reconocimiento jurídico y social de este principio, tanto a nivel nacional como internacional, ha llevado a la incorporación de disposiciones en las leyes estatales que buscan prevenir el maltrato, la crueldad y el sufrimiento innecesario de los animales utilizados en espectáculos.
Por ello, recordó que nivel local, la propia Constitución Política del Estado de Oaxaca, la Ley del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente, y la Ley Orgánica Municipal, establecen la clara obligación de las autoridades de prevenir el maltrato y vigilar que las actividades con animales se desarrollen bajo criterios de trato digno.
En este contexto, señaló que si bien los jaripeos son históricamente relevantes, conllevan riesgos que deben ser mitigados mediante una supervisión adecuada.
Aclaró que el objetivo central de este llamado, no es restringir las prácticas culturales, sino promover que las personas organizadoras y participantes garanticen un trato digno, respetuoso y libre de maltrato a los animales.
Se busca asegurar que estas tradiciones se desarrollen en condiciones de seguridad, respeto y dignidad para todos los involucrados, reflejando el compromiso del Estado con una ética social renovada, concluyo la legisladora.

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