

Oaxaca.- El panorama artístico de vanguardia pierde a su último gran rebelde del surrealismo. Pedro Friedeberg, el artista que prefirió el "arte ridículo" sobre la sobriedad del minimalismo, falleció este jueves a los 90 años en su refugio de San Miguel de Allende, rodeado de su familia y dejando tras de sí un vacío irreemplazable en la plástica mexicana.
A diferencia de las crónicas convencionales, la partida de Friedeberg (nacido como Pietro Enrico Hoffman Landsberg) marca no solo el fin de una vida, sino el cierre de una era de crítica mordaz hacia la modernidad. Sus hijos, Diana, David y Carmen, confirmaron que el deceso ocurrió en paz, pero el espíritu que Friedeberg imprimió en su obra fue todo menos pacífico: fue una guerra declarada contra la "pobreza" del arte abstracto.
Un Guerrero contra el Minimalismo
En sus últimas apariciones públicas, como en la apertura de Hipnerotomagia, Friedeberg no ocultó su desdén por las tendencias contemporáneas. Para él, el arte abstracto y el minimalismo eran "premisas pobres" que carecían de la riqueza iconográfica necesaria para alimentar el espíritu humano. Su filosofía dictaba que el arte debía saturarse de imágenes, símbolos y arquitecturas fantásticas, una postura que mantuvo firme desde su primera exposición en 1959, apadrinada por la mística Remedios Varo.
El Creador de Mundos y "Fifípolis"
Friedeberg no se consideraba solo un pintor o escultor; era un arquitecto de lo imposible. Su famosa "Mano-silla", que hoy es un icono global del diseño, nació de una pesadilla anatómica y se convirtió en el símbolo de su rechazo a la funcionalidad aburrida.
Hacia el final de su carrera, su obra se volvió un espejo de su hastío social. En su exhibición Fifípolis (2019), el artista plasmó su visión de un mundo enfermo de opiniones, a las que calificó duramente como "una enfermedad de la estupidez". Friedeberg se retira de la escena mundial como el último de los surrealistas que convivió con figuras de la talla de Leonora Carrington y Mathias Goeritz, manteniéndose fiel a su imaginario único hasta su último suspiro.
Legado de Vanguardia
El Gobierno y las instituciones culturales han comenzado a reaccionar ante la pérdida de quien fuera el gran "enfant terrible" de los años 60. Su legado no solo reside en sus piezas físicas, sino en su invitación constante a enriquecer la realidad con lo fantástico y lo ornamental, desafiando siempre el orden establecido por la estética académica.