Frente a la crisis de desaparición, las mujeres han liderado y protagonizado mayoritariamente la búsqueda de sus seres queridos y la exigencia por la verdad, la justicia y la reparación.
Se han organizado en más de 234 colectivas [1] a lo largo del país y han exigido a las autoridades que se garanticen sus derechos, logrando la creación de leyes, políticas públicas e instituciones especializadas. En las autoridades mexicanas recae la obligación de buscar a las personas que han sido sujetas de desaparición, sin embargo, ante sus omisiones e ineficacia, han sido las familias y principalmente las mujeres –madres, esposas, hermanas, hijas- quienes han asumido las labores de búsqueda en sus manos, adentrándose en centros de privación de la libertad, calles, zonas peligrosas y terrenos baldíos, muchos de ellos donde opera el crimen organizado.
Algunas incluso han cruzado fronteras y realizado la ruta migratoria con la esperanza de encontrar a sus seres queridos. Para hacerlo, se han formado en diversos temas, como leyes, identificación y análisis de restos, excavación de fosas y apoyo psicosocial a otras mujeres y familias.