

Lilia TORRENTERA G.
Oaxaca.- En el marco del conversatorio en homenaje al Dr. Miguel León-Portilla, celebrado en el Museo Nacional de Culturas Populares, la poeta zapoteca Irma Pineda Santiago ofreció un testimonio íntimo sobre el impacto del historiador en la vida de los escritores de lenguas originarias.
Más allá de su rigor académico, Pineda destacó al "personaje humano" que no solo estudió el pasado, sino que acompañó activamente las luchas presentes de los pueblos indígenas.
Del libro a la cercanía personal
Pineda recordó que su primer contacto con León-Portilla fue a través de La visión de los vencidos, libro que marcó su pensamiento adolescente al presentar la historia desde la perspectiva de los oprimidos. Sin embargo, enfatizó que su verdadera vinculación surgió al descubrir Los 15 poetas del mundo náhuatl, obra que le reveló la existencia de una tradición literaria indígena, incluyendo la voz de mujeres como Macuilxochitzin.
"Yo soy de la generación que vino cuando la puerta ya estaba entreabierta, porque la generación de don Natalio Hernández y don Miguel la habían abierto a patadas", señaló la poeta, refiriéndose a la ardua labor de visibilización de las lenguas indígenas en un México que antes las ignoraba.
Un aliado en la gestión comunitaria
La legisladora y escritora relató anécdotas que muestran una faceta poco conocida del "Tlamatini": su papel como gestor, destacando cómo León-Portilla acompañó a los escritores en trámites burocráticos ante el Gobierno de la Ciudad de México y la Fundación del Centro Histórico para obtener en comodato la Casa de los Escritores en Lenguas Indígenas.
"Aportó con generosidad sus contactos con funcionarios para gestionar la casa y donó buena parte de su biblioteca personal para que nosotros tuviéramos un espacio donde trabajar", afirmó Pineda.
Sentido del humor y resistencia
La nota de color la puso el recuerdo del carácter vivaz del homenajeado cuando Irma Pineda rememoró momentos compartidos en el festival "Lenguas de América", donde León-Portilla, con su característico sentido del humor, se resistía a la jubilación académica. "A mí de la UNAM me sacan con las patas por delante", solía decir el historiador, reafirmando su compromiso vitalicio con la investigación y la enseñanza.
Un legado para las nuevas generaciones
Finalmente, Irma Pineda hizo un llamado a mantener viva la memoria de León-Portilla, no solo como el experto en filosofía náhuatl que dignificó el pensamiento indígena frente a la mirada colonial, sino como el hombre que "abrió brecha" para que hoy las y los escritores de pueblos originarios tengan un lugar en la literatura universal.
"Es necesario que las siguientes generaciones conozcan la importancia de lo que él marcó, porque tenemos que seguir andando por ese camino", concluyó la poeta.