
Lilia TORRENTERA
Oaxaca.- El trayecto entre Coatzacoalcos y Salina Cruz suele ser una ruta de comercio y tránsito ordinario, pero el pasado 4 de abril, la terminal de segunda clase de Matías Romero, se convirtió en el escenario de una realidad cruda y dramática que viaja oculta a plena vista: El delito de maltrato animal
En un comunicado emitido por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) detalla que dentro de la cajuela de un autobús de la línea “Sur”, cuya terminal se localiza en esa comunidad istmeña, se hallaron amontonadas en 15 cajas de cartón, 192 iguanas verdes fueron halladas en condiciones que evidencian la vulnerabilidad de esta fauna silvestre ante la falta de protocolos de detección en las empresas de transporte y paquetería.
Este hallazgo pone de relieve una brecha de seguridad similar a la que facilita el tráfico de sustancias ilícitas: el uso de unidades comerciales y servicios de envío que no cuentan con mecanismos ni capacitación para identificar el transporte de seres vivos.
Sin un responsable identificado en el lugar, los animales quedaron abandonados a su suerte en un espacio reducido, donde el aire y la libertad les fueron arrebatados para convertirlos en simple mercancía
Al llegar al sitio, los técnicos de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) se enfrentaron a un recuento doloroso según detalla em comunicado:
De los ejemplares localizados, 161 iguanas aún luchaban por su vida, por deshidritación y falta de alimentos y oxigeno mostrando la resistencia propia de esta especie que fueron traficadas ilergalmente tras ser arrancados de su entorno natural.
Sin embargo, para 31 de ellas el auxilio llegó tarde; la asfixia y el estrés del traslado terminaron con su existencia antes de que pudieran ser liberadas.
Se indica, que la respuesta institucional fue inmediata para garantizar que la tragedia no se extendiera. En una operación coordinada entre Profepa, Sedena, Semar y la Policía Estatal, las 161 iguanas restantes que están protegidas bajo la NOM-059-SEMARNAT-2010 con la categoría de Protección Especial (Pr). fueron trasladadas a un ecosistema de selva baja caducifolia.
Allí, lejos del cartón y del estruendo de los motores, recuperaron el refugio y el alimento que nunca debieron perder.
Mientras tanto, los restos de las iguanas fallecidas recibieron una disposición final mediante entierro controlado para evitar riesgos sanitarios en la zona.
La iguana verde es una especie protegida por la normativa mexicana y tratados internacionales como CITES, precisamente porque su supervivencia está bajo asedio constante.
Como señaló Mariana Boy Tamborrell, titular de la Profepa, cada ejemplar extraído ilegalmente representa una pérdida irreparable para el equilibrio de nuestros ecosistemas.




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