
Copelia MALLÉ
Oaxaca.- La vida de Miguel Ángel Sánchez Espinosa no se medía solo en grados militares, sino en la calidez de su sonrisa y el amor profundo que sentía por su tierra, Bahía La Ventosa.
Hoy, el Istmo de Tehuantepec no solo despide a un Sargento Segundo; despide a un hijo, a un hermano y a un amigo que llevaba el orgullo oaxaqueño tatuado en el alma cuando en cumplimiento de su deber, se enfrentó a integrantes de uno de las organizaciones criminales más sanguinarias que encabezaba Nemesio Osegera Cervantes.
Miguel Ángel era un joven de 29 años con sueños tan grandes como el mar que lo vio crecer. Cuando decidió vestir el uniforme, lo hizo con la sencillez de quien quiere cuidar a los suyos, movido por esa nobleza que solo tienen quienes están dispuestos a darlo todo por los demás.
Su partida deja un silencio profundo en las calles que lo vieron correr de niño, pero su memoria se queda encendida como un faro para su comunidad y el dolor indescriptible para la familia Sánchez Espinosa.

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