El joven Nezahualcóyotl, que presenció la muerte de su padre, tuvo que irse al exilio a Tlaxcala y allí se educó para gobernar, pues todos los señores de esas tierras “eran sus primos o sus parientes cercanos”, dijo la poeta Raquel Huerta.
Recordó que Nezahualcóyotl nació y murió en Texcoco (1402-1472). En 1420 sus tías, las esposas de los señores de México y Tlaltelolco, solicitaron al señor tepaneca el perdón del príncipe, aduciendo su inocencia, y el tlatoani le permitió que viviera en Tenochtitlan.
Cuando murió Tezozomoc, pudo aspirar a reinar, con ayuda de la Triple Alianza (México, Tlatelolco y Texcoco), en contra de los de Azcapotzalco.
Nezahualcóyotl fue un hombre sabio e instruido, dijo la poeta, pues expidió más de 80 leyes para garantizar la lealtad al Estado y las buenas costumbres; también escribió líricas y cultivó bellos jardines en su palacio de Texcoco, donde reunió a todos los sabios y filósofos de su tiempo.
En los bosques de Chapultepc, donde solía ir a pasear y de Tezcutzinco protegió los árboles, captó los manantiales, condujo el agua por los montes, introdujo el riego, labró albercas en las rocas, plantó flores, propagó especies animales y escribió poemas.
También fue un gran general, pues a decir del historiador Fernando de Alva Ixtlixóchitl, su nieto, Nezahualcóyotl mató por su mano a 12 reyes, incluyendo a Maxtla (hijo de Tezozomoc), participó en 30 batallas y nunca fue vencido ni herido; sujetó 44 reinos; nombró generales a 43 de sus hijos y al cuadragésimo cuarto lo mandó matar por soberbio y belicoso.
Se conservan unas 30 composiciones poéticas suyas en las colecciones de manuscritos de Cantares prehispánicos. Según Miguel León-Portilla (Nezahualcóyotl, poesía y pensamiento, 1972), los temas que desarrolla en ellos son “la fugacidad de cuanto existe, la muerte inevitable, la posibilidad de decir palabras verdaderas, el más allá y la región de los descarnados, el sentido de flor y canto, el enigma del hombre frente al dador de la vida y la posibilidad de vislumbrar algo acerca del inventor de sí mismo”.
Raquel Huerta Nava nació en la ciudad de México, es poeta y ensayista, traductora del inglés, editora e investigadora. Ha obtenido numerosas becas para traducir, publicar poemas o editar biografías de personajes iaxaclustres, como Vicente Guerrero o Nezahualcóyotl. Entre 1996 y 1997, obtuvo la beca nacional “Vidas para leerlas” de ensayo biográfico, del Fonca.
Como poeta es autora de los libros Canto a la pasión (1994), Arena Turquesa (1996) y La plata de la noche (1998). Y de las antologías El verano y las islas, de Thelma Nava (1998), y Órdenes de amor, de Efraín Huerta (1998). Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés y portugués y han aparecido en publicaciones de Canadá, Estados Unidos, Ecuador, Perú y México
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