“Estoy emocionado y conmovido por esta distinción, para mí es una doble honra, primero porque lo otorga una institución señera de la cultura y las artes del país, la segunda porque este es otro de los tantos actos de generosidad que México ha tenido para conmigo, la misma que ha tenido para los miles de refugiados de distintos países”, expresó Gelman tras recibir la Medalla Bellas Artes de manos de Teresa Vicencio, directora general del INBA.
El ganador del premio Cervantes en 2007 expresó en su discurso que estuvo exiliado en varios países de Europa y en Nicaragua, pero que el primer día que pisó suelo mexicano en 1961 quedó fascinado.
“Hace 24 años decidí establecerme y quedarme para siempre en México, sostenido por mi amor a este gran país y a una mujer, mi mujer.
“Acá estoy rodeado de mi familia mexicana, y del calor amistoso de poetas mexicanos del alma, y eso también es una patria. Yo nunca me iría de México”, puntualizó.
Al entregar el reconocimiento, Teresa Vicencio señaló que quienes han recibido la Medalla Bellas Artes militan en la totalidad de las disciplinas que el Instituto cultiva y promueve, tratado en todo caso de una trayectoria no sólo brillante sino de gran trascendencia para la vida artística y cultural del país.
“Es un honor para mí hacer entrega de la máxima distinción que el INBA otorga. Rendimos homenaje al talento y tenacidad del poeta Juan Gelman, nos llena de orgullo que reciba la medalla”.
En la ceremonia de entrega acompañaron al galardonado en el presídium los poetas, escritores y editores Luis Chumacero, Hugo Gutiérrez Vega, Marco Antonio Campos, Francisco Magaña y José Ángel Leyva.
“La poesía de Juan responde a una dinámica interior donde las imágenes pero sobre todo las palabras buscan modo no en una musicalidad convencional sino en una sintaxis de ruptura de corte rítmicos y arrítmicos pero bien temperados”, señaló Leyva.
Indicó que el autor de El emperrado corazón amora es un referente cultural en México, “un poeta universal que ha venido a nutrir lo local”.
“Nada en la poesía de Juan es gratuito y automático, pero sí espontáneo y fiel a su naturaleza y destino, a su propósito expresivo y comunicativo, las palabras emergen en libertad pero son conducidas por esa voluntad gelmánica de ponerlas en crisis, de hacerlas buscar sus posibles identidades en el tiempo, espacio, lecturas, en la intención pura, en el lenguaje banal y responsabilidad estética”.
Un visiblemente emocionado Hugo Gutiérrez Vega dio lectura a un texto que escribió hace algunos años en una madrugada en Buenos Aires, Argentina, inspirado en el autor de El país que fue será.

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