Desde antes del amanecer, los imprescindibles comerciantes de toda laya transforman esa bucólica población en un laberinto de pasillos, que los creyentes, como hormigas tienen que salvar circulando entre estridencias, y ofertas, que en ningún momento, les hacen perder su objetivo de llegar a su templo, lleno de un arco iris de luminiscencias de flores, luces solares y velas que iluminan a un Cristo ataviado en ropajes morados, que con la Cruz a cuestas, para patentizar su Fe.
Los viernes de cuaresma, en la Costa, son parte de una tradición heredada, al igual como en otras latitudes, de conservar vivo el recuerdo , del Viacrucis que padeció el Señor Jesucristo antes de ser crucificado, por la salvación de la humanidad y desde tiempos inmemoriales, los Pueblos indígenas de Oaxaca continúan conservando viva la llama de la Fe y la Esperanza.
En Santo Domingo de Morelos, esta conmemoración concluyó con una baile con una popular banda norteña, donde los jóvenes estaban más interesados en autógrafos y en acabar con los refrigeradores de quienes siempre salen ganando.Te podría interesar...








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