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Sin duda la jornada electoral ha sido ejemplar. Miles de personas en las urnas como votantes y como funcionarias, una mayoría importante de ellas fueron las mujeres y que es importante destacar.
Así, con su participación, la ciudadanía construye su camino pero todavía tiene una distancia real y efectiva para que sea una auténtica democracia, una democracia moderna, según los nuevos tiempos. Las denuncias permanentes a lo largo de la jornada: la compra de votos, el robo de urnas, los excesivos gastos de campaña, las viejas prácticas que nunca se fueron, le sacaron chipotes al proceso electoral, mancharon el trajecito nuevo y le pusieron piedras al camino de la libertad.
Así bajo la sombra funesta de los intentos derroteros o golpes certeros a la insipiente democracia mexicana, el PRI vuelve tras convencer a una mayoría, que no es la mayoría aunque parezca redundante, a través de ésta vía o por otras razones como aquella que los expertos en la política califican como el masoquismo político mexicano.
La primera encuesta de salida le da el triunfo a Enrique Peña Nieto; lo reconoce Felipe Calderón; la candidata del PAN, Josefina Vásquez Mota hace lo propio, y Gabriel Quadri le pide a Andrés Manuel López Obrador que reconozca el triunfo del PRI, el tabasqueño señala que va a esperar hasta el fin del cómputo. Peña Nieto propone con el resultado preliminar la reconciliación nacional y reconoce que el PRI tiene una segunda oportunidad. Ello implicará sin duda mucho trabajo, despojarse del viejo PRI con el que hasta ahora llegó y tendrá que dar muestras contundentes si quiere honrar sus palabras.
Las horas largas empiezan. México termina la jornada entre el júbilo de unos y el desconcierto de otros; así es la democracia, no siempre se gana pero tampoco siempre se pierde. La suerte está echada.
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