Con este triunfo el PT, verdadera máquina electoral y la mayor formación con estructura de partido político de Brasil, estará en el poder en el país, al menos, 16 años seguidos, ocho con Lula, desde 2002 a 2010 y ocho con Rousseff, de 2010 a 2018. Ahora, a Rousseff le aguarda una tarea difícil: deberá cumplir sus promesas electorales de promover una remontada en la economía, que ahora se encuentra estancada en una recesión técnica y erradicar la corrupción asentada en muchas estructuras de poder, como la petrolera Petrobras, que se resienten después de haber sido gobernadas por los mismos desde hace tantos años. Durante la campaña, Rousseff ha prometido una auténtica mano dura contra los corruptos, consciente de que ese era uno de sus puntos débiles.
De cualquier forma, si los sondeos previos a la elección no se equivocan, a Roussef le han votado, sobre todo, la población más pobre y desasistida del país, la que agradece los programas sociales del PT y desconfíaba de que fueran mantenidos por Neves y el PSDB. Pero Rousseff también deberá contentar a esa otra franja de la población que, más allá de salarios asistenciales, demanda mejores hospitales, más médicos, más autobuses y más líneas de metro o de autobús. Fueron estos los que salieron en masa a la calle en junio de 2013 a protestarle a esta misma presidenta para exigirle mejores servicios. Pero ahora, la calle es de los seguidores del PT que hoy por la noche se han lanzado, entre otros lugares del país, a la Avenida Paulista, en el corazón de São Paulo, a festejar el triunfo.
Ha sido la elección más ajustada y disputada desde 1989, año en que precisamente Lula pugnó por la presidencia frente a Fernando Collor de Melo, que al final resultó vencedor. Las encuestas ya lo anunciaban y los dos candidatos llegaron a la recta final del domingo con claras opciones de convertirse en el próximo presidente de Brasil.
La campaña para el segundo turno, que comenzó el 6 de octubre, después de que la ambientalista Marina Silva quedase eliminada, se caracterizó por lo ajustado de los resultados que arrojaban los sondeos, lo que acarreó una polarización extrema de la sociedad brasileña que ha quedado reflejada en el resultado final.
Jamás como en esta campaña los brasileños se han posicionado tanto a un lado como a otro. Lo ha hecho la gente de la calle y no era nada raro escuchar conversaciones políticas en todas las esquinas de todas las ciudades. De hecho, el último debate televisado, celebrado el viernes, contó con una audiencia parecida a la que tienen en Brasil sus famosas y seguidas telenovelas. También han levantado el dedo sus escritores, sus artistas o sus futbolistas. Los famosos Chico Buarque, Caetano Veloso o Gilberto Gil han hecho público su apoyo a Dilma Roussseff, entre otros. Los delanteros Neymar y Ronaldo, así como el último escritor en entrar en la Academia Brasileña de las Letras, Ferreira Gullar, han seguido a Neves.
De este modo, la primera consecuencia será que Rousseff se encontrará mañana un Brasil profundamente dividido, partido aparentemente en dos, donde los seguidores de un partido y otro se han enredado en discusiones fuertes e, incluso, en conatos de enfrentamiento por la calle. Algunos expertos aseguran, precisamente, que la primera tarea de la reelegida presidenta deberá ser la de empeñarse en una suerte de reconciliación nacional para cerrar la herida abierta durante las tres semanas vertiginosas de una campaña que se endurecía según pasaban los días y se estrechaban los márgenes de los candidatos en las encuestas.Te podría interesar...








Esta conversación es moderada acorde a las reglas de la comunidad “Ciudadanía Express” . Por favor lee las reglas antes de unirte a ella.
Para revisar las reglas da clic aquí