Como han detectado los psicólogos, el problema de estas personas es que cuando reciben estímulos sociales –son invitados a una fiesta, pongamos por caso– lo atribuyen a una casualidad. El mérito propio está descartado, y creen que su soledad es una consecuencia directa de sus defectos y debilidades. Les hagan caso o no, su sensación de exclusión aumenta.
Precisamente, la adolescencia es una edad en la que las relaciones interpersonales se intensifican y se crean lazos más estrechos, lo que vuelve este problema especialmente dramático para quienes lo sufren. Su actitud negativa hace que se convierta en un círculo vicioso del que les cuesta salir.
Los investigadores ahora se proponen averiguar cuándo se convierte el sentimiento de soledad en algo permanente para poder identificar las señales y atajarlo así a tiempo. Los resultados de la investigación han sido publicados en la revista Journal of Personality and Social Psychology.
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