
De esta forma, en los meses de julio y agosto de 1957 inició el traslado de las esculturas a Villahermosa a un terreno con una extensión de siete hectáreas a las orillas de la Laguna de las Ilusiones. “Cuando yo regrese a la capital iré a verte y te platicaré de la cosa en que ando metido: aquí moviendo y trasladando milenios de 38 toneladas”, le escribiría a Reyes.
Mariano Gutiérrez Aparicio.A 58 años de su fundación —un 4 de marzo de 1958—, La Venta continúa siendo el único museo eco-arqueológico de América que muestra a cielo abierto 33 esculturas monumentales que incluyen altares, lozas de piedra con inscripciones y gigantescas cabezas de la cultura olmeca.
Sus objetivos primordiales, afirma el coordinador del museo, Mariano Gutiérrez Aparicio, son conservar, resguardar, documentar, proteger, exhibir y difundir las piezas arqueológicas, así como los recursos biológicos de la región representados en la flora y fauna que se conserva en el lugar.
El camino está bordeado por un verde vegetal. Entre la exuberancia del follaje aparecen paso a paso “algunas de las grandes obras talladas hace unos tres mil años por escultores de la primera civilización en Mesoamérica”, como las describiera la historiadora del arte Beatriz de la Fuente.
Considerada la cultura madre de la civilización mesoamericana, la olmeca posee una gran producción escultórica en piedra.
Para Beatriz de la Fuente, en su artículo Para qué la historia del arte prehispánico, olmeca es el nombre con el cual se reconoce al primer gran estilo artístico de Mesoamérica. Se presenta casi simultáneamente durante el periodo Preclásico medio (1200-600 a. C.) en varios sitios de la costa del Golfo de México: San Lorenzo, La Venta, Laguna de los Cerros y Tres Zapotes.
“Planificación y arquitectura bien definidas, espectaculares esculturas de basalto y pequeñas obras maestras de jade son los rasgos que lo caracterizan (...) El lenguaje formal y temático de las esculturas olmecas en piedra es inconfundible por su voluntad geométrica y sentido de la monumentalidad, en las que domina una marcada preferencia por el volumen, la pesadez de la masa, las estructuras de formas geométricas, el predominio de las superficies redondeadas y, sobre todo, la justa proporción armónica", afirmaría De la Fuente.
De esta forma, y según expone la investigadora, visualmente se hacen notables tres conjuntos en el mundo escultórico olmeca: el de figuras humanas, que es el más abundante; el de figuras compuestas, constituidas por formas corporales humanas y rasgos animales o fantásticos en el rostro y las extremidades; y el conjunto, más escaso, integrado por figuras de animales.
La colección arqueológica del Parque Museo La Venta se puede clasificar en cuatro grupos: estelas, altares, las cabezas colosales y el grupo de monumentos no clasificados.
De ellas destacan el Altar Triunfal y el Altar de los Niños, los mascarones con el rostro de jaguar, la Estela del Rey, la Abuela, el Mono Mirando al Cielo y tres de las cuatro monumentales cabezas.
El caso de la Abuela, se trata de una emblemática escultura tallada en bulto, que aparenta representar, por sus rasgos faciales y expresión corporal, a una anciana hincada con sus piernas flexionadas hacia un lado. Una de las pocas obras en que se representa a una mujer.
El Altar Triunfal es quizá una de las piezas más sobresalientes del recorrido. Según se afirma en la descripción museográfica, posee un importante significado iconográfico y refleja la gran habilidad técnica del escultor que representó al personaje central, casi desprendido del bloque de piedra, emergiendo de una cueva que representa el inframundo.
Situada a la orilla de la Laguna de las Ilusiones, la Cabeza Colosal del Guerrero Olmeca es una de las esculturas mejor conservadas y, quizá, la más representativa de la colección del museo.
Zona animal
Fuente: Universidad Veracruzana.Pero ante su obra poética, Pellicer construyó un legado museográfico que persiste, al igual que sus poemas, el paso del tiempo. Como museógrafo, organizó siete recintos: Museo de Tabasco (1952); Museo de Antropología de Hermosillo (1956), Casa Museo Frida Kahlo (1958); Museo Parque La Venta (1958), Museo Anahuacalli de Diego Rivera (1964), Museo Arqueológico de Tepoztlán (1965) y Museo Regional de Arqueología Carlos Pellicer Cámara (1974).
Para su sobrino, Carlos Pellicer López, en una entrevista publicada por la Secretaría de Cultura, “se podría hacer una exposición con sus aportes a la museografía, su coleccionismo de arte prehispánico y arte moderno. Porque, cuando trabajó en Bellas Artes, contribuyó a la promoción de artistas como José María Velasco, Joaquín Clausell, José Guadalupe Posada, José Clemente Orozco, Rufino Tamayo, etcétera”.
Sin duda, su obra museística constituía un reto tan importante en su creación personal tanto como la poética. Al respecto, el poeta afirmaría: “Cuando hago un museo y los he hecho siempre solo; todos los errores son míos, y si hay aciertos también son míos... Para mí, hombre confundido con la tierra, las palabras son demasiado volátiles: se me escapan de las manos. En la organización de museos es donde me encuentro con menos obstáculos, con mayor posibilidad de ejercer, de establecer el orden”.
Para Carlos Pellicer, como le escribiría a Reyes, el Parque Museo La Venta fue “la obra de mi vida. Estoy haciendo un poema con los tres reinos y mucho Hombre”.
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