Mayra Furlan Magaril, investigadora del mismo instituto, explicó que a partir de que se tuvo la estructura molecular del ADN y después del Proyecto del Genoma Humano, que permitió ver la secuencia continua del genoma, se han logrado resultados sorprendentes.
Se observó que el genoma humano está compuesto de una porción que son los genes, que codifican una proteína, pero gran cantidad de estas secuencias no contienen genes, y no sabíamos cuál era su función.
Ahora se sabe que esas secuencias regulan la transcripción de los genes y son igualmente relevantes, subrayó la científica. De tal manera, existen muchas mutaciones que caen en esas secuencias, las cuales no son génicas y producen enfermedades serias, como el cáncer. “Estamos empezando a entender la función de esta parte del genoma que al cambiar promueve la generación de padecimientos severos.
Explicaron el dogma de la biología: de la información genética que está codificada en el ADN hay una transcripción en un ARN (ácido ribonucleico) mensajero, que después es traducido en una proteína.
Furlan consideró que el parteaguas en este ámbito llega con el surgimiento de la secuenciación paralela masiva, que ha dado un salto en la capacidad de generar datos. Hoy se puede tener una secuencia en días, cuando antes de esa tecnología obtenerlos tardaba hasta 10 años.
Víctor Julián Valdés, también académico del instituto, señaló que antes se estudiaba un gen, en la actualidad se pueden analizar todos los de una célula al mismo tiempo. Podemos ver cuáles están expresando una célula cancerosa.
La Jornada
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