Juntos -niños y niñas- disfrutaron de cuentos, cantos y bailes que estimulan la imaginación y el gusto por la lectura, contagiados por la personalidad de Aldo quien trata a las palabras como si fueran un objeto, las mima, abraza y hace sonreír. Es la magia de la comunicación y de la afectividad.
“Antes los cuenteros éramos como la gran aspirina”, dice, al asegurae que los cuentos tienen el poder de aliviar.
El oficio de contar, jugar con las palabras, armonizar el sonido y reinventarlas por su significado en los contextos, es lo que Aldo Méndez hace cada vez que aparece, ya sea frente a un público de niños, jóvenes o personas adultas. Estudió filosofía, pero su maestra de ruso le dijo siempre viviría de las palabras.
Aldo Méndez, recordó a los padres y madres de familia que desde el momento de serlo les es dada una voz, que no sólo tiene que ver con la responsabilidad y la autoridad, sino sobre todo con la afectividad y el aprendizaje. Contar lo que hemos escuchado, lo que nos falta, lo que nos duele y generar un espacio de comprensión.
“Cuando contamos, salvamos nuestra cultura e historia y redefinimos lo que somos. Contar es una sanación social. Hubo un tiempo en que leer, hacer poesía y contar era de gente culta; pero es de humanos y podemos hacerlo todos. Una manera de hacer poesía es transformando la realidad en la que vivimos”, indicó.Te podría interesar...

Esta conversación es moderada acorde a las reglas de la comunidad “Ciudadanía Express” . Por favor lee las reglas antes de unirte a ella.
Para revisar las reglas da clic aquí