
Sobre el contacto físico, la normativa del arzobispado de Paraná advierte: “Si es el menor o el adulto vulnerable quien inicia gestos como un abrazo, la respuesta debe ser sobria, breve y apropiada, y siempre en lugares públicos y delante de otras personas”. Además, si deben viajar en auto con un menor, el sacerdote procurará la presencia de otro adulto.
Un religioso, establece el protocolo, “nunca puede permanecer a solas con un menor o un adulto vulnerable en una habitación o ámbito cerrado. Cuando esto no sea posible, la reunión tendrá lugar con la puerta al menos semiabierta o asegurándose de alguna manera la posibilidad de ser vistos en todo momento”.
El arzobispado de Paraná difundió estas normas y el protocolo luego de que en los últimos años se vio sacudido por una serie de denuncias. La más resonante la constituyó el caso del cura Justo José Ilarraz, acusado de haber abusado a comienzos de la década de 1990 de seminaristas.
En 2015 la Conferencia Episcopal Argentina había presentado un protocolo a nivel nacional ante una denuncia de abuso contra un clérigo. Sin embargo, nunca en la Iglesia en el país se habían difundido normas para la prevención como acaba de ocurrir en la arquidiócesis de Paraná.Te podría interesar...

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