Considerado como “el símbolo sexual más poderoso desde James Dean y Elvis Presley”, según The New York Times, lo cierto es que Morrison contaba con un gran magnetismo producto de una mezcla de rebeldía y sensibilidad poética con los que seducía a sus oyentes.
Morrison sentó las bases para el frontman actual: magnético, desinhibido, polémico, capaz de cargar sobre sus hombros la presión del estrellato que el resto de sus compañeros serían incapaces de soportar. El hombre al frente de The Doors condimentó lo anterior con excesos e irremediablemente estos le cobraron pronto su entrega a ellos antes de alcanzar siquiera las tres décadas de vida.
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