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“Debido al aumento en el consumo, a las consecuencias en la salud femenina y porque es mayor el estigma social para la mujer adicta, urge implementar en México programas de prevención y tratamiento con perspectiva de género.
La experta en tabaquismo resaltó que en las fumadoras es de dos a tres veces más frecuente el cáncer de cuello de útero, pues consumir 10 cigarros al día durante 10 años significa 110 por ciento más probabilidad de adquirir ese padecimiento. En tanto, el cáncer de mama aumenta 25 veces su riesgo en este grupo.
También hay doble posibilidad de ataque cardiaco, 25 por ciento más riesgo de tener una enfermedad coronaria y menopausia temprana, hasta seis años antes que las no fumadoras; y 69 por ciento más de adquirir virus de papiloma humano (VPH).
Ponciano explicó que durante el embarazo, cualquier droga que entra al torrente sanguíneo atraviesa la placenta y llega al feto. “Esto puede ocasionar parto prematuro, recién nacidos con bajo peso, crecimiento intrauterino retardado, placenta previa, malformaciones y aumento de mortalidad perinatal”.
En el caso del alcohol, puede provocar que los niños nazcan con daño cerebral, retraso mental, problemas de comportamiento, malformaciones de corazón, pulmones o riñones, así como alta probabilidad de sufrir “síndrome alcohólico-fetal”, con un cuadro futuro de profundo retraso mental.
Las embarazadas fumadoras tienen un índice de aborto 30 por ciento mayor que las no fumadoras, y el consumo de tabaco durante la gestación incrementa la posibilidad de retraso en el crecimiento intrauterino.
Existen otros peligros como nacimientos prematuros, placenta previa, bebés de bajo peso o talla, o con menor circunferencia cefálica. “Puede presentarse síndrome de abstinencia neonatal, que se manifiesta con irritabilidad e insomnio”, dijo.
Mientras que las embarazadas que consumen marihuana tienen más riesgo de sufrir vómitos crónicos (hiperémesis), lo que puede afectar la nutrición del feto. Esta droga causa en los bebés malformaciones congénitas como fisuras orales, estrabismo, asma, neumonía y otitis, entre otras.
Asimismo, hoy en día muchas mujeres toman psicofármacos para reducir depresión, ansiedad y estrés, generalmente provocados por la situación económica y problemas familiares.
También suelen ser recetados a mujeres maduras que sufren de insomnio, con el riesgo de seguir usándolos sin prescripción médica. Las dietas son otra fuente de consumo de fármacos para adelgazar y mantenerse socialmente aceptadas, finalizó.
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